Un compuesto del té verde podría mejorar la capacidad intelectual en personas con síndrome de Down

Uno de los chicos que ha participado en el ensayo. JORDI SOTERAS
Uno de los chicos que ha participado en el ensayo. JORDI SOTERAS

En el cromosoma 21, donde se esconde el origen del síndrome de Down, existen más de 300 genes, algunos de ellos más responsables que otros del retraso intelectual que caracteriza a esta discapacidad. Un estudio español ha demostrado por primera vez que un compuesto presente en el té verde podría ayudar a regular la expresión de estos genes y mejorar la memoria y las conexiones neuronales de estas personas.

Hasta hace poco se consideraba que el síndrome de Down, causado por una copia extra de los genes que habitan el cromosoma 21, no podía modificarse. Sin embargo, como han demostrado científicos del Instituto Hospital del Mar (IMIM) y el Centro de Regulación Genómica (CRG), ambos en Barcelona, esa afirmación está en entredicho gracias a los resultados de un ensayo en fase 2 con 84 personas con síndrome de Down que se acaba de publicar en la revista ‘Lancet Neurology’.

Como explican a EL MUNDO los doctores Mara Dierssen y Rafael de la Torre, coautores del hallazgo, la clave esta en la epigalocatequina galato, un polifenol presente en el té verde, que combinado con un programa de estimulación cognitiva ha demostrado mejoras en las funciones ejecutivas, la toma de decisiones y su plasticidad cerebral.

“Gracias a una investigación de muchos años con varios modelos de laboratorio descubrimos Dyrk1A, una proteína cuya acumulación provoca alteraciones cerebrales en la mosca del vinagre”, explica Dierssen. En ratones, prosigue la responsable del grupo de Neurobiología Celular y de Sistemas del CRG, la terapia génica demostró que era posible ‘apagar’ esta proteína para normalizar su dosis en el cerebro de los ratones con síndrome de Down.

Para el ensayo en humanos, prosigue, en lugar de optar por la terapia génica, este equipo multidisciplinar encontró en el té verde un inhibidor natural de Dyrk1A, la epigalocatequina galato, un polifenol con otras propiedades antioxidantes. “El exceso de esta proteína en el cerebro de las personas con síndrome de Down impide la plasticidad necesaria para los procesos de aprendizaje”, explica la investigadora, “y lo que observamos en los estudios previos con ratones es que la epigalocatequina del té verde lo normaliza”.Aunque los participantes del estudio no lograron mejores resultados en 13 de los 15 test a los que fueron sometidos, las pruebas de imagen sí mostraron un aumento de las conexiones neuronales en la región frontal de su cerebro, lo que sugiere un aumento en su capacidad de procesar la información.

“¿Qué sucedió? ¿Por qué los autores sí vieron beneficios en las conexiones cerebrales pero no en las pruebas cognitivas?”, se pregunta Fabian Fernández, especialista de la Universidad de Arizona (EEUU) y autor de un comentario independiente publicado en la misma revista. En declaraciones a EL MUNDO, este especialista sugiere que las evaluaciones no estaban bien diseñadas para captar suficientemente los potenciales beneficios del té verde. “Las personas con síndrome de Down tienen dificultades para mantener su atención y motivación en tareas de la vida diaria. Si las baterías de pruebas hubiesen durado 45 minutos en lugar de hora y media, creo que hubiesen podido documentar efectos más potentes del té verde”.

Ensayo con 84 personas

En total, participaron en el fase 284 personas con síndrome de Down entre los 16 y los 34 años. La mitad de ellos fue asignado a un grupo que combinaba placebo con estimulación cognitiva, mientras que la otra mitad recibió 9 miligramos por kilo de peso diarios del compuesto del té verde durante un año (combinado también con un programa de estimulación). Los sujetos fueron evaluados seis más después de dejar el tratamiento.

Como admite Dierssen, ésta era la primera vez que se realizaba un ensayo clínico de estas características y uno de los principales retos fue validar herramientas de evaluación suficientemente sensibles para detectar cualquier posible mejoría derivada del tratamiento. Periódicamente, los participantes fueron sometidos a una serie de estos test para medir diferentes habilidades funcionales, intelectuales, de memoria, comportamiento…

En el estudio, que se ha presentado en Barcelona en rueda de prensa, no se observaron mejorías en algunos de estos test y escalas, sin embargo, el desarrollo cognitivo a lo largo de los 12 meses del estudio fue significativamente mejor que el placebo en el caso de la memoria de reconocimiento visual, control de la inhibición y comportamiento adaptativo.

Además de las escalas y evaluaciones realizadas por los padres de estos chicos, los investigadores subrayan que el compuesto del té verde también ha tenido su reflejo en otra serie de biomarcadores y pruebas de neuroimagen (como resonancias magnéticas en las que se observó un aumento de las conexiones neuronales en la región frontal). “Pero lo que es más importante, lo que veíamos en las pruebas psicológicas tenía su reflejo en la vida real que les han permitido ser más independientes”.

“Hasta hace poco no existía interés por desarrollar fármacos para el síndrome de Down, porque no existían incentivos. Era una población huérfana en ese sentido”, explica la investigadora del CRG. “Todo lo que había eran vitaminas, hormonas y otros compuestos sin base científica”.

A pesar del optimismo que se puede desprender de sus resultados, el doctor De la Torre subraya que el mensaje que se desprende de su hallazgo no puede ser que los niños con síndrome de Down pueden o deben beber té verde. El director del programa de Neurociencias del IMIM subraya que el trabajo debe entenderse como “un salto cualitativo” en un campo en el que hasta muy poco se creía que no había tratamiento.

Las cantidades de té verde que habría que consumir para ingerir la dosis de epigalocatequina que contienen las cápsulas del ensayo equivalen a unas ocho tazas diarias, advierte el especialista, “y en el mercado existen más de 60 marcas de extractos de té verde con una composición y contenido en esta sustancia muy variada”. Por eso, subraya la importancia de que las familias “consulten con su médico y no se lancen al supermercado”.

Como añade por su parte Fabian Fernández, el extracto de té verde es considerado seguro por las autoridades sanitarias de EEUU, “aunque los padres de niños con síndrome de Down deben ser conscientes de que el trabajo se realizó en adultos y no sabemos los efectos a largo plazo de administrar suplementos de té verde a niños. Tampoco sabemos si [este compuesto] puede tener interacciones con otros fármacos, por ejemplo, antidepresivos”.

“El estudio no es un hito ni un fracaso. Los investigadores han demostrado que puede haber algún tipo de implicación terapéutica del té verde a largo plazo, pero son necesarios más estudios”. A su juicio hubiese sido necesario tener en cuenta también cómo interfieren los problemas de sueño que sufren habitualmente las personas con síndrome de Down en el posible efecto beneficioso del té verde.

Este mismo equipo de investigación planea ya realizar un ensayo clínico en fase 3 con niños con síndrome de Down (en esta ocasión los participantes tenían entre 16 y 34 años). “Aunque en niños las cosas se nos complican a nivel de financiación, creemos que los beneficios pueden ser incluso más destacados debido a su plasticidad cerebral”, apunta este especialista.



Política de Cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para ofrecer una mejor experiencia al usuario y realizar el análisis de la navegación. Si continuas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información en nuestra política de Cookies.

Cookies policy

We use own and third-party cookies for offering a best experience to the user and carry out the navigation analysis. If you continue browsing, we consider that you accept their use. You can change the configuration or get more information in our Cookies policy.