Un cumpleaños de princesa para la niña de 90 años a la que felicitó James

Su voz es apenas un susurro. El periodista adivina respuestas breves (“sí”, “no”). La conversación cambia cuando se menciona a James, futbolista colombiano del Real Madrid. “Es mi ídolo”, dice a Crónica. Quien responde es Magali, una chica de El Cabuyal (una región del Valle del Cauca, a 33 km de Cali) que cumplió 15 años el pasado 16 de enero.

Un cumpleaños de princesa para la niña de 90 años a la que felicitó James

Como todas las niñas en Colombia, su sueño era celebrar esa fecha tan especial como una princesa. El problema es que Magali sufre de progeria, una enfermedad rarísima que provoca un envejecimiento acelerado: sus huesos son los de una anciana de 90. “Lloramos mucho. Hay que luchar cada día contra viento y marea”, comenta su padre, José Eicer González, de 41 años. 2015 fue una tortura para ella: sufrió cuatro episodios de paro respiratorio y le fue practicada una traqueotomía. Tuvo además la mala suerte de ser infectada por el Chikungunya, un virus que se transmite por la picadura de mosquito y que dejó el año pasado 73 muertos en el país.

Hasta el año pasado caminaba. “Ahora sólo puede estar en silla de ruedas o en una mecedora”, dice a “Crónica” su padre.

“Hasta entonces, su vida era como la de cualquier estudiante, podía caminar con normalidad”, asegura su padre. Completó el colegio hasta los 14, siempre con gente de su edad. Hace un año Magali dejó de ir a la escuela. “Quedó postrada en la cama y sólo puede estar en su silla de ruedas o en una mecedora, ya no se mueve”. Su pueblo, de apenas 10.000 habitantes, es una región humilde, donde se trabaja la caña de azúcar. “Somos gente alegre y espontánea; el problema es que aquí no hay recursos”, dice el padre, que hasta hace poco estaba sin empleo. Sofía Sierra, la madre, tiene 35 años y ejerce de ama de casa al cargo de Magali y su hermana Mayerli, de nueve años. Su caso se hizo público en Colombia cuando la web Publimetro contó su historia el pasado mes de noviembre. “Alguien se conmovió y me ofreció un puesto como vigilante de seguridad en Cali”, cuenta el padre.

Gracias a la atención de los medios, distintas personas y empresas se involucraron desinteresadamente para ofrecer a Magali un 15º cumpleaños como el de las adolescentes adineradas de los barrios altos de la capital, Bogotá. Ella iba maquillada, con pendientes largos, un estupendo vestido lila y una tiara de princesa. La celebración empezó a las ocho de la tarde y se alargó hasta la 1.30 de la madrugada. “Estuve hasta el final con mis papás”, recuerda la cumpleañera. Hubo bailes, payasos, teatro y hora loca (así se conoce en Colombia a una fiesta donde no faltan regalos, globos, serpentinas y guirnaldas). A petición de Magali, se comió lechona (un guiso con carne de cerdo asada con manteca que se sirve con cebolla, patatas, especias y arroz).

El regalo que más ilusión le hizo fue un vídeo donde James la felicita el cumpleaños. “En casa todos somos hinchas del Real Madrid”. También recibió muchos sobres. “Acá suelen llevar plata dentro, fue una gran alegría”, reconoce la madre. Acudieron unos 300 invitados y, a eso de la medianoche, se dejó caer el alcalde del pueblo. “Él saludó a la familia y se fue a hablar con los periodistas”, recuerda Daniel Naranjo, de la agencia de publicidad Pragma, que se involucró en la producción del evento. “Las puertas de la gente importante siempre estuvieron cerradas para ellos hasta que el caso se hizo público; ahora todos quieren dejarse ver en su compañía”, denuncia a Crónica el periodista Brian Calambas, que asumió la organización de la fiesta y ejerce como su representante.

La enfermedad de Magali no tiene cura. Los médicos la dieron una esperanza de vida de 13 años. Sueña con ser enfermera. “Merece vivir con dignidad el tiempo que le queda. Necesita una cama especial como las de los hospitales, pero cuesta 20 millones de pesos [5.500 euros]”, explica Calambas, que va a pedir una cita con el presidente, Juan Manuel Santos. El padre no pierde la esperanza, pero todos los días reinicia la cuenta atrás. “Es muy lista, siempre ha sido consciente de su enfermedad. Muchas veces me dice: “Papi, no me dejes morir”. Escuchar esa frase de la boca de un hijo es muy duro”.

Fuente: El Mundo (28/01/2016)



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